Mi teléfono ha sido un fiel compañero de cama durante años, pero, entre tú y yo, tenemos una relación "complicada". Aunque no me roba las sábanas de bambú ni babea mi almohada, mantiene la luz azul encendida mientras yo sigo despierta, aferrada a él mucho después de mi hora de dormir, con los ojos bien abiertos como una niña en un cuadro de Margaret Keane.
Deseaba desesperadamente disfrutar de los innumerables beneficios que ofrece el sueño (alivio del estrés, mejora del ánimo y la inmunidad, fortalecimiento del corazón, por nombrar algunos). En cambio, mi cerebro estaba perpetuamente sobreestimulado por responder mensajes que podían esperar hasta el día siguiente, guardar ideas de balcones en tableros de inspiración en línea, o caer en un abismo sin fondo de trucos de belleza en TikTok.
Cuando empecé a quedarme dormida en mi escritorio en plena reunión de Zoom, supe que tenía que hacer cambios en mi vida. Para crear una rutina saludable de mañana y noche que me permitiera lograr la misión imposible: 7 horas de descanso pleno, tenía que dejar de dormir con un smartphone. El primer paso fue confiar en un despertador diseñado para ayudarme a elegir la calma en lugar del caos y el ruido mental. Esto es lo que pasó cuando convertí mi dormitorio en una zona libre de tecnología durante una semana.
¿Sabes esa sensación al acostarte las primeras noches después de terminar una relación amorosa? Esa mezcla de ausencia e incertidumbre que poco a poco da paso al alivio y a reconectar con tus propias necesidades. Así me sentí sin mi teléfono en la cama. Al principio, cuando cerraba los ojos conscientemente, enviando a mi mente pensante el mensaje de que yo decidía cuándo descansábamos, mi cerebro entraba en pánico. Sin distracciones, todo estaba en silencio, tal vez demasiado silencio para mi primera noche sin tecnología. ¿Puedo guardar inspiración de decoración en mi cerebro? ¿Y si no tengo dónde anotar una idea brillante o una tarea que acabo de recordar? ¿Quién me está escribiendo?
Loftie puede ser sencillo, pero es un reloj muy astuto. Sabía que no podría dormirme con el silencio total de golpe. Recorriendo sus sonidos ambientales integrados, pensé en lo relajada que me siento en la naturaleza y elegí "Distant Valley" (Valle Lejano). El paisaje sonoro me recordó a mis viajes a Costa Rica, escuchando el sonido curiosamente relajante de un pájaro carpintero tamborileando, acompañado por una sinfonía de trinos de aves. Tal vez no tener nada que hacer ni ver era como unas vacaciones gratis. La ansiedad de no poder revisar mis correos se fue desvaneciendo y me quedé dormida sin llevarme el día conmigo.
Por la mañana, el sistema de alarma de dos fases me hizo volver al mundo con calma, como lo haría una persona cariñosa. Escribí en mi diario, medité e hice una lista de gratitud, prácticas que llevo años haciendo, pero que casi siempre se veían interrumpidas por el sonido de mi teléfono.
Para el cuarto día, decidí añadir la escritura en el diario y una meditación nocturna a mi rutina. Sin su cómplice, mi mente inquieta estaba aprendiendo a calmarse y simplemente estar presente. Puse un pequeño cuaderno en mi mesita de noche por si me surgía algún pensamiento que necesitara anotar. Con solo papel y una pluma, escribí más de lo que esperaba. Escribí libremente, sin distraerme con aplicaciones que me invitaban a interactuar con ellas.
Por las mañanas, ya no despertaba con el peso de un elefante sobre el pecho. Mi lista de pendientes estaba, literalmente, fuera de mi vista y de mi mente. Sin la energía frenética y ansiosa que antes me expulsaba de la cama, me sumergía en una meditación matutina sin estresarme por el día que tenía por delante. Ya no estaba consumida por las necesidades de los demás y empezaba a priorizarme a mí misma antes de ocuparme del resto de mi mundo.
En Healing Darkness for Sleep, una meditación guiada, la narradora Jennifer Piercy dice: "Vivimos en una época de luz basura, sobreestimulados, ansiosos, inflamados; nuestros sensibles biorritmos han sido literalmente condicionados para creer que siempre debemos estar despiertos y que descansar no es seguro." Pensé en todos los tratamientos y productos en los que invierto para mi salud, pero nunca había considerado invertir en los beneficios sanadores del sueño. Sin mi teléfono, podía desconectarme del mundo del pensamiento y acceder a mis pensamientos subconscientes o a la paz de no tener ninguno en absoluto. Ambos son enormemente valiosos para mi salud física, mi bienestar mental y la forma en que me trato a mí misma y me muestro ante el mundo.
No solo dormía más profundamente, sino que también recibí los regalos del tiempo, la calma y la serenidad. Cuando recuperaba mi teléfono por la mañana y revisaba mis notificaciones, veía que no me había perdido gran cosa. Pero sí era consciente de todo lo que me había estado perdiendo al dormirme conectada al mundo, en lugar de a mí misma.















